El día de la lengua española, el día de la lengua inglesa no son otra cosa que la posibilidad de reflexionar sobre las formas de comunicación, sobre los artilugios y los artefactos que empleamos para intercambiar ideas. En este contexto, el libro se presenta como el instrumento que convoca no a dos lenguas, sino a todas las lenguas; convoca a una forma de comunicación que excede al lenguaje mismo: el libro es, como afirmaba Jorge Luis Borges, la extensión de la memoria y la imaginación. Sin embargo y pensando en los espacios que habitamos ¿qué tipo de relación se tiene hoy con los libros? Frente al escenario tecnológico actual ¿cuál es el sentido de este artefacto?
"Sabiendo que yo amaba mis libros, él me proporcionó, de mi propia biblioteca, volúmenes que valoro más que mi ducado"
La Tempestad, Shakespeare
La pregunta por el sentido evoca complejidad, pues implica pensar más allá de la posesión del libro. Implica pensar en lo que sucede cuando tomamos el libro, cuando nos sumergimos en cada una de sus páginas, en el cambio que orquestan unas cuantas páginas de Shakespeare, en los misterios por resolver de Sherlock Holmes, en el terror de un Corazón delator, en batallas con molinos, en la conquista del mar, en la cacería de criaturas monstruosas, en Troya, en Odiseo renunciado a todo con tal de volver a casa, en aventuras a través de armarios, en laberintos, en fin, en conocer otros mundos a veces ficticios, a veces reales.
Preguntarse por el sentido de los libros implica pensar en la forma en como operan estos artefactos en el mundo y en nuestras vidas. Invita a apreciar una de sus mayores virtudes: los libros no pierden vigencia y aunque el mundo actual con sus juguetes modernos parece capturar la atención de la sociedad en conjunto, lo cierto es que el libro (los buenos libros) poseen capacidad de perdurar en el tiempo.
Nuestro linaje ha sido llamado raza de visionarios, y en muchos detalles sorprendentes, en el carácter de la mansión familiar en los frescos del salón principal, en las colgaduras de los dormitorios, en los relieves de algunos pilares de la sala de armas, pero especialmente en la galería de cuadros antiguos, en el estilo de la biblioteca y, por último, en la peculiarísima naturaleza de sus libros
Berenice, Edgar Allan Poe
El sentido del libro reside en el valor que cada uno le otorga, pues de nada sirve que los docentes de Español o Ciencias Sociales les asignen materiales de lectura, si al final los van a asociar con cargas, con obligaciones y con ejercicios tediosos. Tampoco sirve tener una gran biblioteca, las grandes ediciones y las mejores traducciones, si el libro jamás es leído. Somos nosotros en última instancia quienes decidimos el sentido que tienen, quienes permitimos o no que unas cuantas páginas nos regalen herramientas para pensar las circunstancias que nos rodean.

Entonces, volviendo a la pregunta inicial y en justicia de los párrafos anteriores: ¿qué tipo de relación se tiene hoy con los libros? La lectura, al ser un ejercicio que solo funciona cuando el lector disfruta de su oficio de leer permite una relación saludable. En la actualidad, difícilmente existe la lectura obligatoria: si se debe realizar un trabajo que implique la lectura de un texto que no le gusta al estudiante, bien puede hacer uso de alguna Inteligencia Artificial y ella le proporcionará respuestas correctas, situación problemática pero que libera de asociar el libro con una carga. Saludable porque quien decide leer un libro lo hace de manera voluntaria, por gusto, porque sabe lo que está buscando, porque intuye el mundo de posibilidades, de formas de vida que pueden derivar de un buen texto.
“Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos”
Jorge Luis Borges


